Hacer un road trip por la Ruta 66 es uno de esos viajes que te marcan. Desde los neones de Chicago hasta las playas de Santa Mónica, pasando por desiertos infinitos, pueblos donde parece que el tiempo se detuvo y carreteras que han visto pasar más historias de las que imaginamos.
Es una ruta en la que todo tiene un aire nostálgico, desde las gasolineras vintage hasta los diners donde te sirven hamburguesas con más historia que cualquier museo. Aquí no importa la prisa, lo que mola es el camino. Kilómetros y kilómetros de carretera en los que cada parada tiene algo que contar, ya sea un motel con una historia peculiar, un cartel oxidado a la orilla del asfalto o un tipo que lleva toda su vida viendo viajeros pasar con la misma ilusión que el primer día.

No te vamos a engañar, hay tramos en los que no hay más que horizonte y gasolineras en las que te planteas si has viajado en el tiempo, pero justo ahí está la magia. La Ruta 66 es esa mezcla de aventura, nostalgia y libertad que hace que, cuando llegas al final, sientas que necesitas dar la vuelta y hacerlo otra vez.
Índice
Historia de la Ruta 66
La Ruta 66, inaugurada en 1926, fue una de las primeras carreteras federales de Estados Unidos, conectando Chicago con Los Ángeles a lo largo de 3.940 km. Se convirtió en un símbolo de libertad y aventura, siendo la principal vía para quienes emigraban hacia el oeste en busca de oportunidades.
Durante la Gran Depresión, la Ruta 66 fue el camino de miles de familias que huían de la pobreza rumbo a California, lo que inspiró su apodo de «Carretera Madre» en «Las Uvas de la Ira» de John Steinbeck. Tras la Segunda Guerra Mundial, la economía en auge y el crecimiento del automóvil hicieron de la Ruta 66 el epicentro del turismo por carretera, llenándola de moteles con neones, diners, gasolineras y atracciones extravagantes.

En 1956, con la construcción de las autopistas interestatales, la Ruta 66 fue quedando obsoleta. Muchas poblaciones que dependían de ella quedaron abandonadas y en 1985 la carretera fue oficialmente descatalogada.
Desde los años 90, la nostalgia y el turismo revivieron la Ruta 66, con asociaciones que restauraron museos, moteles históricos y atracciones clásicas. Hoy en día, recorrer la Ruta 66 es una experiencia única, un viaje en el tiempo por la carretera más legendaria del mundo, inmortalizada en películas, música y cultura pop.
Nuestra Ruta 66
Nosotros hicimos la Ruta 66 en sentido contrario al habitual, desde Los Ángeles hasta Chicago, y no fue por capricho, sino porque nos cuadraba mucho mejor. El motivo principal fue el poco tiempo que teníamos para hacer el viaje, solo 9 noches, y sabíamos que desde Chicago el vuelo de regreso a Madrid era bastante más corto que desde Los Ángeles. Cuantas menos horas de avión, mejor.
Además, al alquilar el coche, descubrimos que si lo devolvíamos en Chicago en lugar de hacerlo en la costa oeste, nos ahorrábamos la tasa One Way, que es la que te cobran por dejar el coche en una oficina diferente a la de recogida. Así que, ya que era una buena forma de ahorrar, no lo dudamos.

Como íbamos con el tiempo justo y además queríamos visitar Death Valley, Las Vegas y el Gran Cañón del Colorado, decidimos saltarnos la parte californiana de la Ruta 66 y fuimos desde Los Ángeles directos hasta el Valle de la Muerte. No nos dolió demasiado, porque esa parte la conocimos en un viaje posterior recorriendo la costa oeste de Estados Unidos, así que pudimos ver todo con calma en otro momento. Nuestro viaje fue exprés, pero sin duda, una de las mejores experiencias que hemos vivido en la carretera.
Qué ver en la Ruta 66
Recorrer la Ruta 66 es como viajar en el tiempo a la América más clásica. A lo largo de sus más de 3.900 kilómetros, te cruzarás con moteles de neón, estaciones de servicio que parecen sacadas de los años 50 y pueblos que viven del recuerdo de la carretera más famosa del mundo.
Entre lo más icónico, están los carteles de bienvenida de cada estado, que por supuesto son parada obligatoria para la foto. También están los diner de carretera, donde la comida es contundente y el café se sirve sin preguntar, y los moteles históricos, algunos de los cuales han alojado a estrellas de Hollywood y viajeros de todas partes.

Los amantes de los paisajes se encontrarán con desiertos infinitos, montañas rojizas y alguna que otra carretera que se pierde en el horizonte. Y si lo que buscas es el lado más kitsch, aquí hay de todo: desde coches empotrados en el suelo en Cadillac Ranch hasta figuras gigantes como la del Muffler Man.
Pero lo mejor de la Ruta 66 es la sensación de libertad, de ir sin prisa, disfrutando cada kilómetro, cada gasolinera polvorienta y cada pueblo en el que parece que el tiempo se ha detenido.
Ahora si, vamos a entrar en materia para que sepas de primera mano todo lo que hay que ver en el roadtrip por excelencia, la famosa Ruta 66.
Illinois
La Ruta 66 en Illinois es como ese primer trago de cerveza bien fría: sabes que queda mucho por delante, pero ya te gusta el sabor. Todo arranca en pleno Downtown de Chicago, frente al mítico cartel de «Begin Route 66», que parece gritarte: «Eh, hazme la foto y ponte a rodar, que esto empieza ya». Y sí, aquí empieza la magia.

El primer tramo es puro contraste: rascacielos que te vigilan por el retrovisor mientras la ciudad se va quedando atrás y empiezas a cruzarte con pueblos que parecen salidos de una peli de carretera. En Pontiac, por ejemplo, te topas con murales que te cuentan la historia de la ruta como si fuesen las páginas de un cómic gigante. Y claro, en el museo dedicado a la Ruta 66, no te sorprendas si acabas charlando con algún veterano que te suelta anécdotas que no encuentras en ninguna guía.

El legendario Muffler Man, en Atlanta, es uno de esos bichos que te obliga a frenar aunque no quieras. Ahí está, plantado junto a la carretera con su perrito gigante, como si estuviera esperando que alguien le diera cuerda para ponerse a andar. Y si el hambre aprieta, el Polk-a-Dot Drive In es una parada obligatoria: decoración de los años 50, estatuas de Elvis y Marilyn, y unas hamburguesas que bien podrían formar parte del Patrimonio de la Humanidad.
Y ojo, que Illinois también sabe ponerse serio. En Springfield, la casa de Abraham Lincoln te mete de lleno en la historia americana, y hasta el más despistado acaba pillando el rollo de por qué este tramo está tan cargado de memoria.
La Ruta 66 en Illinois es así: arranca fuerte, te llena de historia, de murales, de señales de neón que aún parpadean con orgullo… y cuando te das cuenta, ya estás enganchado al viaje. Porque aquí no se trata solo de llegar, se trata de disfrutar cada parada como si fuese la última.
Missouri
La Ruta 66 en Missouri es ese tramo en el que la carretera empieza a enredarse entre colinas, bosques y pueblos con más historias que un abuelo en una sobremesa. Aquí ya no vas en línea recta, las curvas se multiplican y cada milla parece invitarte a pisar el freno para ver qué te estás perdiendo.
Este es el estado que presume de ser la “Cuna de la Ruta 66”, y no lo dicen por decir. En Springfield se celebró el bautizo oficial de la ruta, así que cuando pases por ahí, ya sabes que estás rodando sobre historia. Y hablando de historia, no te puedes perder las Meramec Caverns, esas cuevas que se rumorea que fueron el escondite del mismísimo Jesse James. Pasear por sus pasadizos iluminados es como meterse en una peli de aventuras.

Luego está el mítico Munger Moss Motel, con su letrero de neón que se ve desde lejos como un faro en medio del asfalto. Es uno de esos sitios que te pide a gritos que te quedes una noche solo para sentirte parte del viaje. Y si te va el rollo de las rarezas, en Fanning encontrarás el arco de herradura más grande del mundo… porque sí, Missouri también se apunta a las excentricidades de la Ruta 66.
Missouri es ese tramo en el que empiezas a entender que esta carretera no es solo asfalto, sino un catálogo infinito de anécdotas, curiosidades y personajes que te dejan claro que aquí lo importante no es correr, sino disfrutar del camino. Y créenos, en Missouri hay mucho que disfrutar.

Kansas
La Ruta 66 en Kansas es como ese corto pero intenso solo de guitarra en una canción de rock clásico: breve, pero te deja con ganas de más. Apenas 21 kilómetros que demuestran que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Arrancas en Galena, un pueblo minero que parece haberse quedado atrapado en el tiempo. Aquí, en la estación de servicio de Four Women on the Route, te topas con un viejo camión oxidado que sirvió de inspiración para Mate, el entrañable personaje de la película Cars. Es el típico lugar donde paras para una foto rápida y terminas charlando con algún lugareño que te cuenta historias que no aparecen en ninguna guía.

Siguiendo la carretera, llegas a Riverton, hogar del Old Riverton Store, una tienda que lleva abierta desde 1925. Entrar aquí es como retroceder en el tiempo: estanterías repletas de productos vintage y ese aroma a madera añeja que te envuelve al cruzar la puerta. Es uno de esos lugares que encapsulan la esencia de la Ruta 66. Kansas puede tener el tramo más corto de la ruta, pero cada kilómetro está impregnado de historia y encanto. Es como ese pequeño capítulo en un libro que, a pesar de su brevedad, se convierte en tu favorito.
Oklahoma

La Ruta 66 en Oklahoma es de esos tramos en los que la carretera se siente más viva que nunca. Aquí el asfalto no solo conecta pueblos, conecta historias, personajes y rarezas que hacen que cada parada tenga algo que contar.
En Oklahoma la cosa va de neones que parpadean con ese toque nostálgico que solo la Ruta 66 sabe dar. En lugares como Tulsa o Oklahoma City te encuentras moteles vintage que siguen plantados como si el tiempo no hubiese pasado, con carteles que parecen gritar: “Eh, yo estaba aquí mucho antes de que Instagram existiera”. Y si hay algo que no falta en este tramo son las gasolineras reconvertidas en museos, tiendas o cafeterías donde puedes tomarte un café mientras escuchas a algún local soltarte historias que empiezan con un “esto pasó hace muchos años…” y acaban enganchándote más que una serie de Netflix.

No puedes pasar de largo sin saludar al Blue Whale, esa enorme ballena azul que parece salida de un parque de atracciones vintage y que se ha convertido en un icono del viaje. Es de esos sitios que no sabes por qué, pero te acaba sacando una sonrisa. Y claro, si lo tuyo son las rarezas, el enorme Muffler Man de Tulsa se lleva la palma: un gigante de metal que te observa desde arriba como si vigilara que nadie se salte las normas de la carretera.
En Oklahoma te das cuenta de que la Ruta 66 no es solo una carretera, es una especie de museo al aire libre donde cada parada tiene su propia historia. Aquí se viaja despacio, porque en cada rincón hay algo que te hace frenar, sacar la cámara o simplemente quedarte mirando pensando: “Qué pasada de sitio”.
Texas
La Ruta 66 en Texas es de esos tramos que te sacuden el viaje, como si la carretera te dijera: “eh, que esto no ha terminado”. Aquí el paisaje cambia de golpe, las montañas desaparecen y te encuentras con llanuras que parecen no acabar nunca. El horizonte se pierde en la distancia y la carretera se convierte en una fina línea que se estira hasta donde alcanza la vista.

Este es el Texas del viejo oeste, de los vaqueros, los cuernos de vaca en las fachadas y los moteles con decoración country que parecen sacados de una peli antigua. Todo es más grande en Texas, hasta las rarezas que te encuentras por el camino. Ahí está Cadillac Ranch, esa locura en la que varios Cadillacs están enterrados de morro en la arena y cubiertos de grafitis. Da igual cuántas fotos hayas visto antes, cuando llegas no puedes evitar sacar el spray y dejar tu propia marca.
Y si pensabas que eso era todo, espera a ver los Volkswagen Escarabajo plantados en la arena como si alguien hubiera querido hacer una versión low cost del Stonehenge. Porque sí, en Texas la creatividad no se queda corta. Luego está el icónico letrero del Big Texan Steak Ranch en Amarillo, que te reta a zamparte un steak de casi dos kilos gratis… siempre que te lo acabes en menos de una hora. Suena a locura, pero te sorprendería la de valientes que lo intentan.

La Ruta 66 en Texas es polvo en las botas, carreteras infinitas y ese toque de locura que hace que nunca sepas qué te vas a encontrar en la siguiente curva. Aquí se nota que el viaje está en pleno apogeo, y lo mejor que puedes hacer es dejarte llevar, porque Texas siempre tiene una sorpresa guardada.
Nuevo Mexico
La Ruta 66 en Nuevo México es ese tramo en el que la carretera se pone exótica, como si alguien hubiera mezclado el viejo oeste con un toque de México y una pizca de película de indios y vaqueros. Aquí el paisaje se vuelve rojizo, las rocas empiezan a asomar por todas partes y los pueblos tienen ese rollo fronterizo que te hace sentir que estás cruzando a otro mundo.
Albuquerque es uno de esos sitios que no puedes pasar de largo. Entre los neones que iluminan la famosa Central Avenue y los carteles vintage de moteles que siguen en pie como si estuvieran en una competencia para ver cuál brilla más, esta ciudad tiene un encanto que te atrapa. Es el típico sitio en el que vas a parar “solo para echar un vistazo” y acabas pasando la tarde entera recorriendo sus calles.

En Santa Rosa te encuentras con el Blue Hole, una piscina natural de aguas cristalinas que parece sacada de una postal del Caribe pero en mitad del desierto. Y si sigues avanzando, en Tucumcari te recibe la icónica silueta del Tee Pee Curios, una tienda de souvenirs que se ha convertido en uno de los símbolos de la Ruta 66. No importa si no vas a comprar nada, este sitio es de esos que te obliga a parar solo para sacar la cámara.
Pero lo mejor de Nuevo México está en sus pequeños pueblos, esos que parecen dormidos pero que esconden bares de carretera con más historias que un abuelo en Navidad. Aquí el viaje se siente más pausado, más auténtico, como si la carretera te estuviera diciendo que no hay prisa, que lo bueno está en disfrutar cada milla. Y sí, en Nuevo México hay mucho bueno que disfrutar.

Arizona
La Ruta 66 en Arizona es de esos tramos que se te quedan grabados. Aquí el paisaje se vuelve seco, el polvo se cuela por todas partes y el asfalto se estira entre llanuras infinitas y montañas que parecen sacadas de un western. Es esa parte del camino en la que te das cuenta de que esta carretera no va solo de llegar, sino de disfrutar cada kilómetro.
La aventura arranca en Holbrook, donde el mítico Wigwam Motel te da la bienvenida con sus habitaciones en forma de tipi que, más que por comodidad, merece la parada solo por el rollo que tiene. Un poco más adelante, en Winslow, te topas con la famosa esquina que inmortalizaron los Eagles en Take It Easy, pero lo realmente especial viene después, cuando llegas a Seligman.
Este pueblo decidió que si la Ruta 66 iba a pasar por allí, sería imposible que alguien no se enterara. El lugar es un festival de colores, letreros locos, coches antiguos aparcados como si fueran parte del decorado y tiendas que te venden desde matrículas oxidadas hasta recuerdos que no sabías que necesitabas. Es de esos sitios que parecen haber decidido vivir siempre en los años dorados de la Ruta 66, y la verdad, les ha salido bastante bien.

Siguiendo la carretera llegas a Kingman, un sitio que respira Ruta 66 en cada esquina. Aquí hay murales que te cuentan la historia del asfalto, viejas gasolineras que parecen congeladas en el tiempo y cafeterías donde puedes tomarte una hamburguesa mientras escuchas a algún local soltarte historias que empiezan con un “en mis tiempos…” y acaban enganchándote más que una buena serie. Es uno de esos lugares donde la carretera se siente más viva que nunca.
Y si te desvías un poco del camino, te espera el Gran Cañón, que aunque no es parte oficial de la Ruta 66, está tan cerca que dejarlo pasar sería casi un pecado. Da igual cuántas fotos hayas visto antes, porque ponerte frente a ese abismo inmenso te deja sin palabras. Es de esos sitios que te obligan a parar en seco, a quedarte en silencio solo para asimilar la brutalidad de lo que tienes delante.
Cuando crees que ya lo has visto todo, aparece Oatman, un antiguo pueblo minero que parece empeñado en no olvidar sus días de gloria. Sus calles de tierra están tomadas por burros que campan a sus anchas como si fuesen los auténticos jefes del lugar, y las fachadas de madera te hacen sentir que estás en pleno rodaje de un western. Aquí las peleas de vaqueros en mitad de la calle son cosa de todos los días (de mentira, claro, pero bien montadas) y los viajeros se mezclan con los burros como si todo fuera parte del guion.

La Ruta 66 en Arizona es de esos tramos que se disfrutan despacio, porque cada pueblo tiene su propia historia, sus personajes curiosos y esa sensación de que el tiempo decidió no seguir avanzando. Aquí no hay que correr, lo bueno está en tomarse el viaje con calma… y dejar que la carretera se encargue del resto.
California
La Ruta 66 en California es ese tramo final (o inicial, depende de por dónde empieces) que te deja claro que este viaje es mucho más que kilómetros de asfalto. Aquí el paisaje cambia como si alguien estuviera pasando de canal en canal en una tele antigua: primero los desiertos que parecen sacados de un western, luego el bullicio de Los Ángeles y, de repente, el océano saludándote como quien no quiere la cosa.

El mítico cartel de Santa Monica Pier, ese que dice que has llegado al «final del camino», es uno de esos momentos que te dejan con una mezcla de orgullo y nostalgia, como cuando acabas un libro que te ha enganchado de principio a fin. Pero antes de que eso pase, hay que disfrutar del camino. En Barstow, los murales cuentan la historia de la Ruta como si fueras parte de ella, y en el mítico Roy’s Motel & Café, en Amboy, te quedas mirando el icónico letrero de neón como si esperases que apareciera un coche de los años 50 en cualquier momento.
El desierto del Mojave te regala kilómetros de soledad en los que sientes que eres el rey de la carretera, y paradas como el Bagdad Café te hacen recordar que esta ruta está hecha para quienes disfrutan de los sitios con alma, esos que tienen una historia que se cuenta mejor entre sorbos de café y conversaciones improvisadas.

Y claro, no puedes dejar fuera el famoso Elmer’s Bottle Tree Ranch, ese lugar donde cientos de botellas de cristal se alzan como un bosque surrealista que tintinea con el viento. Es de esos sitios que te hacen parar el coche solo porque te pica la curiosidad… y cuando te das cuenta, llevas media hora sacando fotos.
La Ruta 66 en California es una mezcla perfecta de nostalgia, paisajes de película y esos rincones que se quedan grabados en la memoria sin que te des cuenta. Aquí el viaje se vive con calma, porque cada parada tiene algo que contar… y créenos, no querrás que acabe.

Consejos para hacer la Ruta 66
- Si haces la ruta en el sentido normal, de Chicago a Los Angeles, las empresas de alquiler de coches suelen aplicar un recargo (Tasa One Way) que está entre 500$ y 1,000$… Al hacerla en el sentido contrario, a nosotros esa tasa no nos la cobraron
- Planifica bien tu ruta dependiendo de los días que tengas disponibles. 2 semanas es el tiempo ideal para hacerla, pero si quieres conocer lugares cercanos como Las Vegas o el Cañón del Colorado, ponle una semana mas.
- Nunca, nunca, nunca, te aventures a hacer un viaje así sin un buen seguro. Nosotros te recomendamos IATI por muchas razones, pero quizá las dos mas importantes son que siempre te atienden en español y que no vas a tener que adelantar dinero nunca, ellos se encargan. Si además reservas desde nuestro enlace, te vas llevar un 5% de descuento al contratarlo.

- Si no quieres perderte nada de la Ruta 66, te recomendamos que te descargues la aplicación Route 66 Navigation, disponible tanto para iOS como para Android.
- Como sabemos que te vas a descargar la app, necesitarás una tarjeta de datos, y aquí es donde te decimos que si coges un de eSim de Holafly siempre vas a tener conexión y que si pones el código TWOONTRIP te vas a llevar un descuento al hacer la compra.

- Si vas a viajar en temporada alta, lo mejor es que reserves tus alojamientos con antelación, porque en según que zonas la oferta tampoco es infinita. Si haces la Ruta 66 fuera de temporada, puedes ir reservando sobre la marcha según vayas terminando el día.

La Ruta 66 es, sin duda, uno de los mejores viajes que puedes hacer por carretera. No solo porque sigues una de las rutas más míticas del mundo, sino porque cruzar de lado a lado un país tan inmenso como Estados Unidos es toda una experiencia. Aquí no se trata solo de ver esas icónicas gasolineras antiguas (que, vale, la primera mola mucho… pero cuando vas por la número 25, ya no tanto), sino de disfrutar del viaje en sí.
El ver como va cambiando el país estado a estado, como va cambiando la forma en la que viste la gente, los diferentes acentos, pasar de los «ideales» californianos a los rudos texanos, etc. Vas a pasar por desiertos que parecen no acabar nunca, pueblos perdidos que parecen sacados de una peli del oeste, ciudades llenas de vida y rincones que ni siquiera imaginabas que existían. Y lo mejor de todo es la gente que te encuentras en el camino, gente a la que, por cierto, les encanta España y que hacen que la Ruta 66 sea mucho más que una simple carretera.
Por cierto, si te apetece ver un poquito más de nuestra experiencia por la Ruta 66, te dejamos por aquí abajo los vídeos de la serie en YouTube. Eso sí, no seáis muy crueles con nosotros… que fue de los primeros vídeos que grabamos y el aprendizaje se nota. Pero bueno, si os gusta, y si no también, no olvidéis suscribiros al canal, que hay muchas más aventuras cargadas de curvas, paisajes y buenos momentos.
¿Te has lanzado ya a recorrer la Ruta 66? ¿ Tienes previsto hacerla? Cuéntanos en los comentarios, que este viaje tiene mucha carretera, pero también muchas historias que mola compartir!

