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Lanzarote: La isla volcánica más impactante

Lanzarote es una de las siete islas principales del archipiélago canario, situada al noreste del conjunto y a poco más de 100 kilómetros de la costa africana. Con una superficie de 845 km² y declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO, esta isla combina paisajes volcánicos únicos, playas de arena negra y blanca, pueblos tradicionales y un fuerte vínculo con el legado artístico de César Manrique. Su clima templado durante todo el año y sus múltiples espacios naturales protegidos la convierten en un destino ideal para quienes buscan explorar sin prisas y disfrutar de la naturaleza en estado puro.

Un poco de historia sobre Lanzarote

Lanzarote fue la primera isla del archipiélago canario en ser habitada, probablemente por pueblos bereberes del norte de África conocidos como los majos. Su presencia se remonta al menos al siglo X a.C., aunque fue a partir del siglo XIII cuando comenzó a aparecer en los mapas europeos. En 1312, el navegante genovés Lancelotto Malocello llegó a la isla, lo que dio origen al nombre actual.

La conquista castellana tuvo lugar a principios del siglo XV, liderada por Jean de Béthencourt bajo bandera de la Corona de Castilla. A partir de entonces, Lanzarote pasó a formar parte de los territorios de la monarquía española y se convirtió en un punto estratégico en las rutas atlánticas. A lo largo de los siglos XVI y XVII, sufrió ataques de piratas y saqueadores, además de importantes erupciones volcánicas, como las de Timanfaya entre 1730 y 1736, que transformaron radicalmente su paisaje.

En el siglo XX, la figura del artista y arquitecto César Manrique marcó un antes y un después en el desarrollo cultural y turístico de la isla, apostando por una integración armoniosa entre naturaleza y arte. Hoy en día, Lanzarote es reconocida por su singularidad geológica, su respeto por el entorno y su fuerte identidad insular.

Volcanes de Lanzarote: cuando la isla ardió

Lanzarote no sería lo que es sin sus volcanes. Y no hablamos de un par de montañitas negras: aquí el fuego lo cambió todo.

  • La gran erupción de Timanfaya (1730–1736) El 1 de septiembre de 1730, la tierra se abrió en Timanfaya y comenzó una erupción que duró seis años. Durante ese tiempo, la lava sepultó pueblos enteros y cubrió casi una cuarta parte de la isla. Se formaron más de 30 volcanes nuevos, y el paisaje lunar que hoy vemos es el resultado de esa actividad volcánica intensa .
  • La última erupción: En 1824, Lanzarote vivió su última erupción, que fue más breve pero también significativa. Se formaron nuevos conos volcánicos y se emitieron coladas de lava que afectaron áreas cercanas al actual Parque Nacional de Timanfaya.

Cómo llegar a Lanzarote

  • Desde la península: Lo más práctico es volar. Hay vuelos directos desde un montón de ciudades españolas: Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao, Valencia, Málaga… Incluso desde ciudades más pequeñas, aunque ahí a veces toca hacer escala. El aeropuerto de Lanzarote (ACE) está en Arrecife, a menos de 10 km de las principales zonas turísticas, así que en cuanto aterrizas, estás casi ya en marcha. Si pillas los billetes con antelación, puedes encontrar precios bastante buenos, sobre todo con aerolíneas tipo Ryanair, Vueling o Binter.
  • En ferry desde Cádiz: Sí, hay opción de llegar en barco desde la península, pero ojo: el ferry desde Cádiz tarda más de 30 horas. No es lo más práctico para viajes cortos, pero puede tener sentido si llevas tu autocaravana desde la península.
  • Desde otras islas Canarias: Entre islas, lo mejor son los vuelos de Binter o Canaryfly. Suelen ser trayectos cortísimos (20–45 minutos) y hay varias frecuencias al día desde Gran Canaria, Tenerife, La Palma o Fuerteventura. Puedes ir y volver en el día si te organizas bien.
  • En ferry entre islas: Si estás en Fuerteventura, el ferry a Lanzarote es un clásico. Sale desde Corralejo y llega a Playa Blanca en solo 30 minutos. Ideal para hacer una excursión de un día o moverte con coche incluido. Desde otras islas (Gran Canaria, Tenerife) también hay ferrys, pero tardan bastante más y suelen ser nocturnos.

Cómo moverse por Lanzarote

Moverse por Lanzarote es fácil si llevas coche… y bastante más complicado si no. La isla no es enorme, pero para llegar a muchos sitios vas a necesitar moverte por tu cuenta. Las carreteras están en bastante buen estado, y el tráfico brilla por su ausencia.

  • Coche de alquiler: Si quieres recorrer Lanzarote a tu ritmo, el coche es imprescindible. Las distancias son cortas, las carreteras están bien y aparcar no suele ser un drama. Lo ideal es reservar con tiempo, sobre todo en temporada alta, porque los precios pueden subir bastante si lo dejas para última hora. Las empresas locales tipo Cicar o Cabrera Medina suelen funcionar bastante bien y no ponen pegas raras con el seguro.
  • Transporte público: Hay guaguas (autobuses) que conectan Arrecife con los pueblos principales, pero no son prácticas para hacer turismo. Los horarios son limitados, hay pocas frecuencias y no llegan a sitios como el Parque de Timanfaya o muchas playas.
  • Bicicleta o moto: Hay gente que alquila bicis o scooters, sobre todo en zonas como Costa Teguise o Playa Blanca, pero no es una opción para recorrer toda la isla. El calor, el viento y las carreteras abiertas lo hacen poco práctico fuera de los núcleos turísticos.

Qué ver en Lanzarote

El Charco Verde de Lanzarote, un paisaje marciano junto al mar
Charco de los Clicos

Lanzarote es volcánica, salvaje y diferente a todo lo que hayas visto. Y aunque es fácil recorrérsela en unos días, hay lugares que no puedes dejar fuera del plan.

  • El Golfo y el Charco de los Clicos: Una playa de origen volcánico y una laguna verde fosforito pegada al mar. Raro, pero espectacular. Muy cerca hay restaurantes donde comer buen pescado con vistas.
  • Los Hervideros: Acantilados donde las olas rompen con fuerza entre cuevas y tubos de lava. Ideal para ir cuando el mar está bravo. Uno de los puntos más fotogénicos de la costa.
Miguelito de Two on Trip en Los Hervideros de Lanzarote con el mar golpeando la roca volcánica

  • La Geria: Viñedos en mitad del malpaís. Aquí la uva crece entre ceniza volcánica y cada cepa está protegida con su pequeño muro. Paisaje único y con bodegas donde puedes hacer catas.
  • Jameos del Agua: Una de las joyas diseñadas por César Manrique. Un tubo volcánico convertido en espacio cultural con lago interior, cangrejos albinos y una estética brutal.
  • Cueva de los Verdes: Otro tramo del tubo volcánico, pero esta vez se recorre por dentro. Tiene un secreto en su interior que no vamos a desvelar aquí… pero merece la visita.
Reflejo espectacular en el interior de la Cueva de los Verdes en Lanzarote
No es un truco de cámara, es un truco de la naturaleza

  • Mirador del Río: Vistas espectaculares a la isla de La Graciosa desde lo alto de los acantilados de Famara. Otro diseño de Manrique, que sabía lo que se hacía.
  • César Manrique en estado puro: Además de los Jameos y el Mirador, puedes visitar su Fundación, en su antigua casa, y el Jardín de Cactus. Todo tiene ese sello suyo de arte y naturaleza mezclados con cabeza.

Slider de imágenes

  • Teguise: Antigua capital de la isla, con callejuelas blancas, iglesias y un mercadillo dominical famoso. Si quieres ver algo más tradicional, este es tu sitio.
  • Casa LagOmar: Un lugar surrealista escondido en Nazaret, con túneles, terrazas, cuevas y hasta leyenda incluida. Dicen que el actor Omar Sharif la compró... y la perdió en una partida de bridge al día siguiente. Realidad o mito, es una visita muy distinta a todo lo demás.

Parque Nacional de Timanfaya

Aunque no se puede recorrer a pie por libre, excepto la ruta del litoral, el Parque Nacional de Timanfaya es uno de esos sitios que te hacen sentir en otro planeta. El paisaje es pura lava, ceniza y cráteres que parecen de ciencia ficción. Todo se formó durante las erupciones brutales entre 1730 y 1736, cuando el fuego arrasó pueblos enteros y cambió la isla para siempre.

La Rubia de Two on Trip en un paisaje volcánico brutal de Lanzarote

La visita se hace en autobús por una ruta marcada desde las Montañas del Fuego. No puedes bajarte, pero las vistas desde el bus ya valen la pena. Y si vas al Islote de Hilario, verás cómo echan agua en unos tubos y sale disparada como si fuese un géiser. Sí, debajo todavía hay calor. Hay también un restaurante, El Diablo, donde cocinan con el calor que sale del suelo. Suena a truco turístico, pero es real. Si te interesa la historia volcánica de Lanzarote o simplemente flipar con un paisaje fuera de lo normal, este lugar es imprescindible.

Paisaje volcánico alucinante en el Parque Nacional de Timanfaya, Lanzarote
Aquí no sabes si estás en Marte o en las Canarias...

Si quieres mas información sobre el parque, te recomendamos que le eches un ojo a la web de Turismo de Lanzarote.

Y ya que hablamos de volcanes, en Sicilia tuvimos la oportunidad de visitar el Etna y ver el Stromboli en erupción, impresionante!!

La isla de La Graciosa

Aunque no está conectada por carretera, La Graciosa forma parte del archipiélago Chinijo y se considera oficialmente la octava isla habitada de Canarias. Para visitarla, hay que coger un ferry desde Órzola, al norte de Lanzarote. El trayecto dura apenas media hora y ya desde el barco empiezas a ver que lo que te espera allí no tiene nada que ver con el resto.

En La Graciosa no hay asfalto. Te mueves caminando, en bici o en 4x4, y eso ya marca el ritmo. Las playas son una locura: solitarias, con arena blanca y agua transparente, tipo Caribe pero con paisaje volcánico detrás. Las más conocidas son Playa de las ConchasPlaya Francesa y Playa de la Cocina.

Playa de Las Conchas en La Graciosa, paraíso salvaje de arena dorada y aguas turquesas
La Graciosa, el Caribe canario

Ideal para pasar el día y desconectar del todo. Lleva agua, comida y todo lo que necesites, porque no hay chiringuitos ni sombra en muchos puntos. Si buscas naturaleza en estado puro y un día sin prisas, esta isla es para eso.

Las mejores playas de Lanzarote

Lanzarote tiene playas para todos los gustos: volcánicas, doradas, solitarias o con hamacas. Algunas parecen de otro planeta, otras son perfectas para tirarse a no hacer nada. Aquí van nuestras favoritas:

  • Playa de Papagayo: La más famosa de la isla. Arena clara, agua transparente y rodeada de acantilados. Está dentro del Monumento Natural de Los Ajaches, y aunque hay que pagar una pequeña entrada para acceder en coche, merece totalmente la pena. Ideal para pasar el día entero.
  • Playa Blanca: En realidad son varias calas pequeñas junto al núcleo turístico del mismo nombre. Bien cuidadas, con todo cerca (bares, sombrillas, duchas). Perfecta si quieres playa fácil y cómoda.
  • Playa de Famara: Enorme, salvaje y con rollo surfero. El viento sopla fuerte casi siempre, pero el paisaje es brutal con los acantilados de fondo. No es la mejor para bañarse si hay oleaje, pero para pasear es una pasada.
  • Playa de Caletón Blanco: Una joya escondida al norte. Arena blanca, lava negra y charcos naturales que se llenan con la marea. Poco conocida, pero ideal si quieres algo más tranquilo y diferente.
Playa Papagayo, el paraíso escondido más impresionante de Lanzarote
Playa Papagayo

Qué comer en Lanzarote

La gastronomía de Lanzarote es sencilla, con ingredientes locales, sabores potentes y platos que reconfortan. Nada de florituras: aquí se come bien, sin complicaciones y con mucho producto del mar.

  • Papas arrugadas con mojo: El clásico de clásicos. Papas pequeñas cocidas con sal gorda y servidas con mojo rojo (picante) o verde (más suave). Te las vas a encontrar en todos lados… y vas a querer repetir.
  • Gofio: Harina de cereales tostados que se usa en un montón de platos, desde el desayuno hasta guarniciones o postres. Suena raro, pero es parte de la identidad canaria. A veces lo sirven con caldo o en forma de escaldón.
  • Queso de cabra: En la isla se hace muy buen queso, normalmente curado o semicurado. Lo suelen servir con mojo o miel de palma, y funciona genial como entrante. Si ves que es de Haría o Tinajo, suele ser apuesta segura.
  • Pescado fresco: Vieja, cherne, bocinegro… nombres que suenan a otro idioma, pero todos deliciosos. Lo mejor es pedirlo a la plancha o a la espalda, con papas y mojo. Nada más.
  • Sancocho canario: Un plato más casero y potente. Pescado salado, papas, batata, mojo y gofio. Si vas a un restaurante tradicional, es uno de los que hay que probar.
  • Postres locales: Quesillo (como un flan pero más denso), bienmesabe o mousse de gofio. Dulces sin pretensiones, pero con ese sabor a receta de toda la vida que nos encanta.
  • Vino de Lanzarote: No es comida, pero merece mención aparte. En La Geria se produce vino con uvas que crecen en ceniza volcánica. El malvasía seco va genial con casi todo lo que te sirvan en la isla.

Lanzarote fue una mezcla de fuego, viento, paisajes marcianos y pueblos en los que el reloj parece ir más lento. Cada día fue diferente: desde caminar entre lava, hasta perder la noción del tiempo en una playa sin cobertura.

Si estás pensando en viajar a Lanzarote, esperamos que esta guía te sirva para organizarlo a tu ritmo y disfrutarlo como se merece. Y si ya has estado, seguro que tienes algún rincón que descubriste por tu cuenta.

Cuéntanos abajo en los comentarios:
¿Estás planeando tu primer viaje?
¿O eres de los que ya repitió y aún así volvería otra vez?

Te leemos, como siempre.

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