Si hay una zona en Grecia que nos dejó con la boca abierta, fue el Peloponeso. La península del Peloponeso es uno de esos lugares que parece sacado de un libro de historia, donde cada kilómetro recorrido te conecta con el pasado glorioso de la antigua Grecia. Este road trip fue parte de un viaje que hicimos en el que también visitamos Atenas y Milos, y podemos decirte que fue un acierto total incluir el Peloponeso en la ruta.
La historia del Peloponeso es tan rica que cuesta creer todo lo que ha ocurrido en esta región: desde las leyendas de la Guerra de Troya hasta las batallas que marcaron el destino de Grecia. Por eso, recorrer esta zona en coche fue como ir saltando de un capítulo histórico a otro, pero con paisajes que también quitan el hipo.
Índice
Canal de Corinto
La puerta de entrada al Peloponeso no es que tenga una historia de miles de años, es un monumento a la cabezonería humana. Después de siglos intentándolo, los griegos se salieron con la suya y crearon esta maravilla que, aunque ya no es clave para el comercio, sigue siendo uno de los rincones más curiosos del Peloponeso.
Si pensabas que los griegos solo eran expertos en templos, batallas y filosofar en togas, espera a ver el Canal de Corinto. Este pedazo de obra de ingeniería el Peloponeso no solo es una pasada, sino que además tiene una historia que parece sacada de una serie de Netflix… con capítulos que van desde emperadores romanos hasta ingenieros del siglo XIX que finalmente lograron hacerlo realidad.

Qué es el Canal de Corinto?
El Canal de Corinto es un estrecho canal artificial en la península del Peloponeso que conecta el Golfo de Corinto con el Mar Egeo. Su objetivo es claro: ahorrar un buen rodeo a los barcos que, de no existir el canal, tendrían que dar toda la vuelta por la península del Peloponeso. Y no estamos hablando de un paseíto corto, sino de un rodeo de casi 400 km.
El canal tiene unos 6 km de largo, pero lo que más impacta es su estrechez: apenas 25 metros de ancho. Vamos, que cuando ves pasar un barco por ahí parece que está jugando al “no toques las paredes” en nivel experto.

Un canal con mucha historia (y muchos intentos fallidos)
La idea de abrir este canal no es precisamente nueva. Ya en el siglo I d.C., el emperador Nerón quiso empezar las obras… pero no se salió con la suya (parece que estar más ocupado tocando la lira le dejó sin tiempo para acabarlo).
Después vinieron más intentos, pero no fue hasta 1893 que, por fin, el canal se completó. Y claro, teniendo en cuenta que ya había barcos surcando el mundo, no tuvo el impacto comercial que se esperaba. Aun así, se convirtió en una obra maestra de la ingeniería y en uno de los rincones más curiosos de Grecia.
Mistrás
Si alguna vez te has preguntado cómo sería pasear por una ciudad bizantina que parece haber quedado congelada en el tiempo, Mistrás es tu sitio. Esta joyita del Peloponeso, sí, otra más, que esta zona está llena de sorpresas, se encuentra a un paso de Esparta, y es uno de esos lugares donde la historia te golpea en la cara… pero de la mejor forma posible.
Un paseo por el pasado
Mistrás fue fundado en el siglo XIII por los francos (sí, aquellos que venían conquistando medio mundo con armaduras y espadas). La idea era construir una fortaleza bien colocada para controlar esta zona del Peloponeso, pero poco después los bizantinos dijeron «esto pa’ mí» y se la quedaron.
Lo mejor de todo es que no se limitaron a poner banderas y ya. No, aquí montaron una ciudad que fue la joya cultural del Imperio Bizantino en sus últimos días. Imagínate esto: filósofos, teólogos, artistas… Todos dándolo todo en las mismas calles que ahora puedes recorrer tú.

Qué hay que ver en Mistrás?
Aquí no vas a encontrar neones ni selfies de influencers, bueno, de esos puede que sí, pero te aseguramos que lo que hay es una pasada:
- El Castillo de Mistrás: Aquí sí que toca subir, pero cuando llegues a lo alto de la colina y veas las vistas del valle de Laconia, entenderás por qué se molestaron en construir esto aquí. Eso sí, no vayas con chanclas que la subida no es precisamente un paseo por el parque.
- El Palacio de los Déspotas: No, no se refiere a gente mandona (aunque algo de eso habría). Este palacio fue el epicentro del poder político de la región, y desde allí se gobernaba como auténticos jefazos. Además, las vistas desde arriba son de las que quitan el hipo.
- La Catedral de Agios Dimitrios: Aquí coronaron al último emperador bizantino, Constantino XI Paleólogo. Y aunque el tipo no tuvo la mejor de las suertes en la historia (spoiler: el Imperio Bizantino se fue a pique poco después), la catedral sigue siendo un lugar lleno de historia y con frescos que están tan vivos que parece que te van a hablar.
- El Monasterio de Pantanassa: Aún habitado por monjas, este rincón es puro paz. Entre arcos, frescos y rincones con encanto, es uno de esos sitios que te hacen sentir que el tiempo se detiene.
- El Monasterio de Peribleptos: Este está medio metido en la roca, lo que ya le da un toque especial. Pero lo mejor son los frescos del siglo XIV, que están tan bien conservados que parece que los pintaron ayer.

Por qué hay que ir a Mistrás?
Porque es de esos sitios que parecen sacados de una peli épica. Caminar por sus calles empedradas, descubrir iglesias bizantinas con frescos que aún te miran fijamente y ver ruinas que parecen contarte historias es una experiencia que te engancha.
Así que si te mola la historia, las ruinas con rollo y los lugares que te transportan a otra época, Mistrás tiene tu nombre escrito en una de sus piedras, en sentido figurado, no vayas a buscarlo…

Esparta
Si hay un lugar en Grecia que suena a batallas épicas, escudos brillando al sol y gritos de “¡Esto es Esparta!”, pues sí, es Esparta. Pero ojo, que si vienes esperando encontrar un ejército de guerreros en taparrabos gritando a todo pulmón, igual te llevas una sorpresa… Hoy Esparta es bastante más tranquila y con menos abdominales al aire.
Qué pasó aquí?

Esparta fue uno de los pesos pesados de la antigua Grecia, y su fama viene, sobre todo, por haber criado a los guerreros más temidos del mundo antiguo. Desde pequeñitos, los espartanos se curtían en la batalla y, según cuentan, preferían morir peleando que volver a casa derrotados. Vamos, que lo de rendirse no iba con ellos.
Pero no todo fue guerra. Esparta también tuvo su momento como centro político importante, y sus leyes y estilo de vida eran tan estrictos que te harían pensártelo dos veces antes de desobedecer a mamá.
Qué ver en Esparta hoy en día?
Vale, aquí viene lo importante: ¿merece la pena visitar Esparta hoy? Pues sí, pero con las expectativas claras. No te vas a encontrar una gran ciudad en ruinas como otras de Grecia y el Peloponeso, pero sí hay cosas que molan bastante:
- La estatua del rey Leónidas: Esto es un homenaje en toda regla al rey espartano más mítico. El tío que lideró a los famosos 300 en la batalla de las Termópilas (sí, esa escena que seguro viste en la peli de 300). La estatua está justo en el centro de Esparta moderna, y si te mola la historia, no te puedes ir sin hacerte una foto con él.
- Yacimiento arqueológico de la Antigua Esparta: Vale, no es tan impresionante como la Acrópolis, pero merece la pena pasarse para ver los restos del antiguo teatro y las ruinas que recuerdan el pasado glorioso de la ciudad. Es como estar en un decorado de cine, pero con siglos de historia detrás.

- Museo Arqueológico de Esparta: Aquí te encuentras desde estatuas hasta vasijas que cuentan la historia de los espartanos más allá de sus espadas y escudos. Es pequeñito, pero si te mola la historia, merece la visita.
- Museo del Olivo y del Aceite de Oliva: Sí, sí, leíste bien. En Esparta tienen un museo dedicado al aceite de oliva, que en Grecia es casi como el oro líquido. Está curioso y es un plan diferente si quieres cambiar ruinas por algo más sabroso.
Por qué visitar Esparta?
Porque Esparta no solo es historia de guerreros, sino también un lugar con ese encanto tranquilo que te hace sentir que estás descubriendo algo diferente. Aquí no hay filas interminables de turistas ni colas para hacerse la foto perfecta. Esparta es pura esencia griega, con su ritmo pausado y su aire de “aquí se vivieron grandes historias”.
Así que ya sabes, si quieres un poco de historia, algo de mitología y un toque de cine épico, Esparta te está esperando… ¡y sin que tengas que pasar por un entrenamiento militar para llegar allí!
Nafplio
Cuando llegamos a Nafplio, Nauplia en castellano, no teníamos grandes expectativas. Habíamos leído que era bonito, pero tampoco es que hubiésemos visto mucho. Este rincón del Peloponeso nos atrapó desde el primer momento, y no tardamos mucho en entender por qué es uno de los destinos más encantadores de Grecia.
Un poco de historia
Nafplio fue la primera capital de la Grecia moderna tras la independencia del Imperio Otomano, y esa mezcla de influencias turcas, venecianas y griegas se nota en cada rincón. Sus callejuelas empedradas, las casitas con balcones llenos de flores y el ambiente relajado le dan ese toque especial que te hace querer quedarte más tiempo del previsto.

Qué ver y hacer en Nafplio?
Este lugar es perfecto para pasear sin rumbo fijo, pero hay algunos sitios que no te puedes perder:
- El castillo de Palamidi: Aquí vas a sudar… pero va a merecer la pena. Subir los casi 1.000 escalones (sí, MIL) hasta la fortaleza es todo un desafío, pero las vistas desde arriba son una locura. Si no te ves con ganas de subir a pie, no te preocupes, que hay carretera y puedes llegar en coche. Eso sí, el mérito no es el mismo (y se pierde la excusa perfecta para zamparte luego un buen postre).
- La fortaleza de Acronauplia: Menos conocida que Palamidi, pero con un rollo mucho más tranquilo. Pasear por sus murallas te permite ver otra cara de la ciudad, con rincones que parecen sacados de una postal.
- El islote de Bourtzi: Esta pequeña fortaleza rodeada de agua es uno de los símbolos de Nafplio. Está justo frente al puerto y se puede llegar en barco. El paseo es cortito, pero te da unas vistas del puerto que merecen la pena.
- El casco antiguo: Esto es lo que más nos gustó. Nafplio tiene ese toque bohemio que invita a perderse por sus callejuelas, curiosear en tiendecitas con encanto y sentarse en alguna taberna a ver la vida pasar. No te sorprendas si acabas sacando la cámara cada dos pasos, porque todo es fotogénico aquí.
- Las playas: Si después de tanta historia te apetece pegarte un chapuzón, Nafplio también cumple. Karathona Beach es una opción tranquila y con espacio de sobra para tumbarte a relajarte un rato.
- La comida: Este es uno de esos sitios donde el buen comer está asegurado. Prueba el gyros para una comida rápida pero deliciosa, y si quieres algo más especial, en el paseo marítimo hay un montón de tabernas donde el pescado y el marisco son la estrella. Pide un buen plato de pulpo a la parrilla y ya verás cómo se te ilumina la cara.

Por qué ir a Nafplio?
Porque es uno de esos lugares que no parece real de lo bonito que es. Tiene historia, rincones con encanto, una gastronomía que te hace sonreír con cada bocado y ese ambiente relajado que convierte cada paseo en un momento especial.
Así que si vas por el Peloponeso, no te saltes Nafplio. Puede que no tenga la fama de Atenas o Santorini, pero te aseguramos que es de esos sitios que dejan huella… y que acabarás recomendando a todo el mundo. ¡Palabra de viajero!
Micenas
Si hay un lugar en Grecia que te hace sentir como si estuvieras dentro de una épica historia mitológica, ese es Micenas. Aquí no solo vas a ver ruinas; vas a pisar el escenario de una de las civilizaciones más legendarias de la antigüedad. Y sí, también te vas a preguntar cómo narices movieron esas piedras tan bestias sin una grúa.

El hogar de Agamenón
Micenas fue uno de los grandes centros de la civilización micénica, allá por el siglo XIII a.C. Esta gente fue pionera en montarse una ciudad bien fortificada y con muros tan tochos que se ganaron el nombre de murallas ciclópeas (porque claro, la leyenda decía que solo los cíclopes podían haber movido semejantes pedruscos).
Además, si te gusta la mitología griega, seguro que te suena el nombre de Agamenón, aquel rey que lideró la expedición a Troya y que tenía más dramas familiares que una telenovela. Pues bien, su reino era precisamente Micenas.

Qué ver en Micenas?
Prepárate para caminar entre ruinas que llevan en pie miles de años. Estos son los imprescindibles:
- La Puerta de los Leones: Es la entrada principal a la antigua ciudad, y es de esos sitios que te dejan con la boca abierta. Dos leones tallados en piedra vigilan la puerta como si todavía estuvieran protegiendo el reino. Es uno de los símbolos más icónicos de la arqueología griega… y sí, te vas a hacer foto aquí sí o sí.
- El Círculo de Tumbas A: Este lugar fue el hallazgo estrella de Heinrich Schliemann, quien también descubrió Troya. Aquí se encontraron máscaras funerarias de oro puro, incluida la famosa Máscara de Agamenón.
- El Palacio de los Reyes: Aunque solo quedan las ruinas, pasear por lo que fue el centro político y administrativo de Micenas te hace imaginar la vida de los antiguos micénicos. Piensa en guerreros caminando por estos pasillos, sacerdotes ofreciendo sacrificios y artesanos trabajando el oro.
- El Tesoro de Atreo (o Tumba de Agamenón): Prepárate para entrar en una tumba que parece sacada de una peli de Indiana Jones. Esta estructura en forma de colmena es gigantesca, con una puerta de casi 5 metros de altura que te hace sentir diminuto. Se cree que aquí fue enterrado un personaje de la realeza micénica… aunque lo de que sea Agamenón sigue siendo un misterio.

Por qué visitar Micenas?
Porque es uno de esos lugares que te transporta directamente a la época de las leyendas. Entre sus muros parece que todavía resuena el eco de los guerreros y las historias de venganza, poder y traición que marcaron la mitología griega.
Así que si te gusta la historia, te flipan las ruinas que cuentan batallas épicas o simplemente quieres ver piedras tan grandes que te hacen dudar de cómo las movieron, Micenas te va a conquistar. Y oye, si te encuentras a algún cíclope por allí, salúdalo de nuestra parte
Desde Micenas volvimos a Atenas tras recorrer unos 120 km. Como nuestro plan era devolver el coche con tiempo para coger el ferry a Milos por la tarde, calculamos bien los tiempos para que nada fallara. Fue un viaje intenso, pero cada parada fue una experiencia increíble que sumó mucho al viaje completo por el Peloponeso.
Otros lugares que ver en el Peloponeso:
- Olimpia, cuna de los Juegos Olímpicos. La entrada cuesta 12 euros e incluye el acceso al estadio original, donde se celebraban las competiciones hace más de 2.000 años. Olimpia está situada a unos 155 km de Mistrás, así que si tienes tiempo extra en tu ruta por el Peloponeso, esta parada es muy recomendable.
- Monemvasia, una ciudad fortificada sobre una isla rocosa que está a unos 100 km de Esparta. Es conocida como la «Gibraltar del Este» por su ubicación estratégica y sus imponentes murallas.
- Cueva de Diros, un laberinto de cuevas subterráneas navegables que te deja sin aliento. Están ubicadas a unos 70 km de Mistrás.
Consejos para visitar el Peloponeso:

- Alquilar un coche es clave para disfrutar del viaje a tu ritmo, las distancias son largas y el transporte público por allí no es una opción a menos que el tiempo no sea un problema.
- Primavera y otoño son las mejores épocas para evitar el calorazo del verano, pero quizá perderás el poder combinarlo con algo de playa
- Lleva calzado cómodo, porque vas a caminar bastante (y a subir muchas escaleras).
- Es una zona poco turística, por lo que la oferta de hoteles no es muy amplia, a excepción de los lugares de costa donde si encontrarás más variedad
- Si te gusta el pescado y el marisco, aprovecha las ciudades costeras del Peloponeso como Nauplia para probar platos frescos y sabrosos directamente del mar a la mesa.
- En Mistrás, lleva buen calzado porque el terreno es pedregoso y no faltan las cuestas. Dedica al menos medio día para verlo bien y no olvides llevar agua si vas en verano.
- En Esparta, no te pierdas la estatua de Leónidas y no te cortes en gritar “Esto es Esparta, aun, aun, aun!”.
- En Nauplia, quédate al menos una noche para disfrutar del ambiente nocturno y las vistas del puerto iluminado.
- En Micenas, aprovecha para madrugar y evitar el calor, especialmente si viajas en verano.

Este road trip por el Peloponeso fue el complemento perfecto a nuestro viaje por Atenas y Milos. Teníamos un par de días de más y decidimos aprovecharlos recorriendo esta región, y no podemos estar más contentos con la decisión. Si te mola la historia, los paisajes espectaculares y las ciudades con encanto, este viaje es para ti. Si ya has estado o tienes pensado ir, cuéntanos en comentarios qué es lo que más te llama la atención o si tienes alguna duda. ¡Te leemos!

