En Texas aparecen las vastas llanuras, donde la carretera parece no tener fin y el horizonte se pierde en la distancia. Este es el estado del Viejo Oeste, de los vaqueros que aún visten sombrero sin que parezca un disfraz, de las fachadas con enormes cuernos de vaca y los moteles con decoración country que parecen sacados de una peli antigua. Todo es más grande en Texas, y eso se nota hasta en las excentricidades que salpican la Ruta 66. Desde el mítico Cadillac Ranch, con sus coches semienterrados convertidos en lienzo para los viajeros, hasta los Volkswagen Escarabajo plantados en la arena como si alguien hubiera intentado crear una versión alternativa del Stonehenge.
Índice
Shamrock
Nació allá por finales del siglo XIX, cuando los agricultores y el ferrocarril empezaron a darle vida. Lo curioso es que el nombre del pueblo lo eligió un irlandés que quiso llamar al lugar así para que representara la suerte… Hoy cuenta con uno de los lugares mas icónicos de la Ruta 66.

U-Drop Inn es una antigua gasolinera y restaurante con un diseño Art Déco impresionante. Si te suena, es porque se utilizó como inspiración para Ramone’s Body Shop en la película «Cars». Por la noche, el U-Drop Inn se ilumina con su neón original, creando una de las imágenes más bonitas de la Ruta 66 en Texas.
McLean
Durante años, los campos de trigo y algodón fueron el alma del pueblo, y McLean se mantuvo como un sitio tranquilo, de esos donde todos se conocen y la vida va sin prisas. Pero si algo marcó la historia de McLean fue su relación con la carretera. Cuando la Ruta 66 pasó por allí, el pueblo vivió su mejor momento, con gasolineras, diners y tiendas que servían a los viajeros que cruzaban Texas.

- Phillips 66 Gas Station: Una gasolinera de los años 20 restaurada con los colores originales de Phillips 66, una de las marcas más icónicas de la carretera.
- Devil’s Rope Museum: Un museo dedicado al alambre de espino, que puede sonar raro, pero en Texas tiene una gran importancia histórica.
- Old McLean Jail: Una pequeña cárcel de la época en la que los sheriffs del Oeste tenían que controlar a los forasteros problemáticos.
Alanreed
Un pequeño pueblo destartalado que cayó en el olvido al construirse la autopista. Como muchos de la zona, se dedicaban a la ganadería gracias a las llanuras texanas. Hoy queda para el recuerdo 66 Super Service Station, una vieja gasolinera de los años 30.
Amarillo
Nació a finales del siglo XIX, cuando los ganaderos empezaron a asentarse en la zona, aprovechando las amplias llanuras para criar ganado. Pronto se convirtió en uno de los puntos clave del comercio de carne en el oeste de Texas, con grandes ferias de ganado y mercados que movían miles de cabezas al año. El ferrocarril hizo el resto, conectando Amarillo con las principales rutas comerciales y dándole el empujón que necesitaba para crecer. Es la ciudad más grande en el tramo texano de la Ruta 66 y un paraíso para los amantes de los excesos. Aquí todo es más grande, más llamativo y más friki.
- Cadillac Ranch: Diez Cadillac semienterrados en el suelo con grafitis de colores. La idea era hacer una escultura moderna, pero se ha convertido en una de las paradas más icónicas de la Ruta 66.
- Slug Bug Ranch: Lo mismo que Cadillac Ranch, pero en lugar de Cadillacs, aquí han enterrado Volkswagen Escarabajo. No es tan famoso, pero si te gusta lo raro, merece la pena.
- Route 66 Historic District: Una calle con edificios históricos, tiendas vintage y neones clásicos de la ruta.

Vega

Nació a principios del siglo XX, cuando los rancheros y agricultores llegaron a estas tierras a sacar partido a las inmensas llanuras de esta zona de Texas. Durante años, Vega fue uno de esos pueblos donde el ritmo lo marcaban las ferias de ganado, donde te vendían desde un saco de grano hasta un par de botas nuevas. En Vega nos encontramos con la gasolinera Magnolia, original de los años 40, pero que ha sido restaurada.
Adrian
El último pueblo de Texas es de esos pueblos que viven tranquilos, pero que tienen un detalle que les hace únicos: es el punto medio de la Ruta 66. Justo aquí, a mitad de camino entre Chicago y Los Ángeles, se encuentra el famoso cartel que te recuerda que llevas 1.139 millas recorridas… y que te quedan otras tantas por delante.

Texas ya se quedó atrás, pero vaya tela con este tramo de la Ruta 66. Aquí las llanuras se estiran como si alguien se hubiera pasado con el zoom, el viento parece susurrarte historias de vaqueros y forajidos, y las rarezas aparecen tan de golpe que no sabes si estás en una carretera o en una exposición de cosas imposibles.
Ahora toca seguir rodando, porque más adelante llega Nuevo Mexico, donde el paisaje cambia de golpe y parece que el desierto te da la bienvenida con sombrero en mano. ¿Te imaginas recorriendo esta parte del viaje? ¿Qué esperas encontrar en el tramo tejano de la Ruta 66? Cuéntanoslo en los comentarios, que soñar con el viaje es siempre el primer paso para vivirlo.

